23 de julio de 2017

Filmadrid 2017 (2): Hermia, Helena y las demás

Dejando a un lado las valoraciones generales de Filmadrid como festival de cine en el sentido más integral de la expresión y bajando al ras de suelo de sus secciones y películas concretas, podemos decir que, en el caso concreto de su Competición Oficial nos quedamos con sensaciones ambivalentes: si bien el tramo más destacado de la primera sección en importancia consiguió imponer su discurso y madurez cinematográfica de forma más notable que en la anterior edición, la parte menos afortunada de las películas a competición ofreció unos resultados muy poco esperanzadores, a lo que se sumó que, al igual que el pasado año, los cortometrajes seleccionados tampoco pudieron ofrecer la impresión de una competencia en pie de igualdad con las películas de duración más convencional. 





27 de junio de 2017

Filmadrid 2017 (1): El mal es el cansancio



Llegamos a la tercera edición de Filmadrid, después de apenas haber rozado la primera y de habernos sumergido intensamente en la segunda con impresiones diversas (favorables en el aspecto cinematográfico, reseñado en Esencia Cine y Revista Magnolia, menos entusiastas en su actividad formativa, sobre la que escribimos aquí mismo). El festival fue transmitiendo durante los meses previos a su celebración dos señales que dejaban claro el núcleo y los límites de su apuesta: por un lado, la intención de mantener viva su presencia en la ciudad de Madrid que lo acoge y le da sentido a lo largo de todo el año con una serie de proyecciones mensuales en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes, acompañadas de un cuadernillo de un cuidado diseño y la presencia del cineasta en la sala, y por otro lado los problemas financieros que marcaban los límites de su ambición, indisimulables desde el momento en el que se hizo pública una campaña de micromecenazgo a través de la plataforma Verkami para recaudar 10.000 euros necesarios para su celebración. 

16 de mayo de 2017

La dignidad masacrada


La reciente campaña electoral para las elecciones presidenciales en Francia ha puesto sobre el tapete un panorama, común a buena parte de Europa, en el que, políticamente hablando, los imaginarios que se confrontan son en su mayoría reactivos y evitativos, la impugnación a mejor del estado de cosas está ausente de la agenda y es la extrema derecha la que parece llevar la iniciativa para imponer cuáles son los temas de debate, y hasta para decidir cómo se enuncian. Como describe el ensayista Marcel Gauchet hablando de Marine Le Pen,
todo el mundo se define respecto a sus ideas. A favor o en contra. En política, hay dos planos: el electoral y el intelectual. Y ella ya ha ganado en el segundo, al imponer su agenda.

28 de abril de 2017

El público medio


Hace algo más de un lustro, recuerdo el desagrado con el que leí, en las memorias del pintor alemán George Grosz (musicalmente tituladas Un sí menor y un NO mayor), su afirmación de que durante su exilio en Estados Unidos, a donde arribó como un rutilante artista exiliado del nazismo que se establecía casi vocacionalmente en la ciudad de Nueva York, había descubierto su identificación con el "americano medio", circunstancia que fue pareja a una acelerada decadencia de su obra. De este modo, el exilio transformó al que había sido el más destacado pintor dadaísta de entreguerras, cuya obra denunciaba con impacto y valentía el nacionalismo alemán y la lógica corrupta y militarista que infectaba el espíritu de sus compatriotas, en un simple dibujante alcohólico, adherido de forma acrítica a la discutible idiosincrasia de su país de acogida. O, dicho de mejor manera en un bello artículo:

21 de abril de 2017

Retrato de la duda con Chris Marker al fondo

Este blog acaba de cumplir 11 años y un mes. No parece una efeméride especialmente propicia para la celebración, a no ser que por alguna extraña superstición cabalística festejemos estúpidamente la "curiosidad" del 11 años, 1 mes, 1 día, 1 minuto y 1 segundo transcurridos desde tan intrascendente acontecimiento. Hubiera sido más propio, quizá, celebrar el décimo aniversario el pasado año, pero la cifra estaba demasiado puesta en cuestión por la peculiaridad de que esta web estuvo seis años en barbecho, sin actividad alguna, lo que reduce notablemente el supuesto mérito de conmemorar "una década (falsa) escribiendo". 

Por otra parte, cualquier entrada que se lea hoy de la primera época (2006-2008) no queda en muy buen lugar: son textos demasiado breves y superficiales como para merecer un festejo, y la única razón por la que hoy permanecen accesibles en la red es por mostrar las propias carencias: creo que, al menos en este caso, conviene asumir los defectos y virtudes del pasado como elementos inseparables de la personalidad del presente. 

28 de marzo de 2017

Verdad cinematográfica, verdad histórica


Llego, a través de una recomendación en redes sociales del crítico argentino Marcos Gustavo Vieytes, a la arcana película húngara de 1982 La elección de Hanna B (extraña traducción del original Egymásra nézve o del inglés Another way, con ninguna Hanna entre los personajes principales), dirigida por Károly Makk y János Xantus. El motivo: su aparente influencia en Carol, temática por un lado (una mujer casada se enamora de otra mujer, en los años 50 y en un contexto nada propicio para ello) y cromática por el otro (una secuencia navideña, con tonalidad y ambiente semejantes, que parece transcurrir en paralelo en los dos largometrajes). Como afirma el propio Vieytes: 
Veinticinco años antes que Carol hubo otra navidad, otro piano, otros cigarrillos, otro viaje, otro hotel y otras amantes descubriéndose, una rubia y otra morocha, una diva y otraa admiradora.

7 de marzo de 2017

Dovzhenko dijo no


Cada vez que leo o escucho la palabra "trasnochar", por una de esas extrañas asociaciones de ideas, me acuerdo de Krasnoyarsk, una región rusa de la que fue elegido gobernador, hace dos décadas, el general Alexander Lebed. Lebed era entonces una figura política al alza, un líder carismático en la incierta Rusia poscomunista, un nacionalista de derecha que se confesaba admirador de Franco y Pinochet. Tras serle concedido un supuesto tercer lugar en las fraudulentas elecciones de 1996, en las que Boris Yeltsin revalidó su cargo frente al candidato comunista y favorito Guennadi Ziugánov, los medios hablaban de Lébed como el futuro líder del país, a pesar de sus más que diestras ideas, por el poco empuje del entonces ya obviamente alcohólico presidente y por la convicción de que cualquier opción que se asociase al pasado soviético era "inelegible" (la profecía se autocumplió con el fraude contra Ziugánov). El FMI, con su director gerente Michel Camdessus al frente, se encargaba de recordarlo.


28 de febrero de 2017

La señal luminosa y los argumentos doblegados


De entre las muchas ideas que Douglas Sirk va soltando sobre su concepción del cine en el libro de entrevistas Sirk on Sirk (que cuenta con dos ediciones en español: en Fundamentos, de 1973, y en Paidós, de 2002), del futuro biógrafo de Mao Jon Hallyday, hay dos que parecen muy presentes en los largometrajes que el cineasta nacido en Hamburgo rodó con Rock Hudson y Jane Wyman como pareja protagonista, Obsesión (1954) y Sólo el cielo lo sabe (1955). La primera de ellas hace alusión a su visión del happy-end, el forzado final feliz propio del folletín que el Hollywood clásico hizo suyo:
Ustedes saben que la tragedia griega es fundamentalmente pesimista. Pues bien cuando una película está a punto de acabar, Dios —un dios— se une a la acción y transforma la situación para ir a mejor, a fin de que el público pueda abandonar la sala y gozar de una noche de plácidos sueños... Tiempo atrás comparé el happy end con la señal luminosa roja—EXIT— que hay en los cines: la salida de urgencia. En caso de declararse fuego, o si en caso de guerra se produjese un bombardeo, hay una salida, puedes escabullirte hacia el exterior, reencontrar la luz del día, TE PUEDES SALVAR... Es un punto de vista irónico.

17 de febrero de 2017

Sin permiso del cielo


Fijémenos en los detalles de este cartel de Sólo el cielo lo sabe (1955), de Douglas Sirk. ¿Qué vemos? En primer lugar, como principal reclamo, los nombres de las dos estrellas protagonistas, Jane Wyman y Rock Hudson, en una tipografía de tamaño incluso mayor que el propio título del film. Contrastemos este despliegue con la ubicación del nombre del cineasta: aparece en una pequeña línea inferior del cartel, después de los actores secundarios y solo prevaleciendo sobre el nombre del guionista y del muy relevante productor, Ross Hunter. No hay, pues, rastro de alguno de la intención de presentar, por parte del estudio, una película "de" Douglas Sirk, sino de dos estrellas y de su romance, con el añadido, casi subversivo para la época, de la diferencia de edad en favor de la protagonista femenina (Jane Wyman era ocho años mayor que Rock Hudson, aunque en la película la diferencia de edad es mayor y ella es viuda). Añadamos: en 1955 no estaba ni mucho menos popularizada la noción de "autoría" en el cine, pero desde luego sí había cineastas cuya presencia gráfica en los carteles de sus películas era mucho más notoria. El más significativo en este sentido, y sin salir de Hollywood, era Frank Capra, que no en vano tituló sus memorias El nombre delante del título.

26 de enero de 2017

Los odiosos ocho y sus fragmentos de historia


Existen unas coordenadas políticas en las que se mueven el cine y la visión de la Historia de Quentin Tarantino y que dan sentido, más allá de su evolución estética, al discurso de fondo de sus películas. Si para explicar la continuidad entre Malditos bastardos y Django desencadenado el cineasta declaró, en una entrevista y con una contundencia poco habitual entre su gremio, que “la Esclavitud es el equivalente americano al Holocausto”, en Los odiosos ocho se adentra en cuestiones tan relacionadas con su anterior largometraje como las secuelas de la Guerra de Secesión, la causa de la Confederación y los métodos y la personalidad de buena parte de quienes la defendieron.  

19 de enero de 2017

La absurda lógica del capital


Entre las muchas listas publicadas recientemente con "el mejor cine del año", me ha llamado la atención, por su exhaustividad, la del habitualmente citado Miguel Marías, al que vuelvo a sacar a colación por el corolario final a su relación de películas destacadas, en el que comenta su "desconcierto" porque una obra como Toni Erdmann haya sido, para un buen número de críticos, considerada la película más relevante de 2016, no encontrando en ella valor "de ningún tipo". La opinión de Marías no es la única a este respecto, y no debería causar ningún tipo de sorpresa: con cada película que genera un cierto grado de consenso, surge también su grupo de disidentes, que aseguran no entender al resto y consideran que hay algún tipo de error de apreciación generalizado, cuando no una clamorosa ausencia de inteligencia del grupo mayoritario o minoritario, según los casos.